Visita Papal Tenerife 2026

VISITA DEL PAPA LEÓN XIV - TODOS LOS DETALLES

Recordamos aquel día como si fuera ayer. Caminábamos todos juntos por las calles de La Matanza de Acentejo, con el corazón apretado por la preocupación y la rabia contenida. Había llegado la noticia de que ENDESA pretendía instalar su tendido eléctrico en Los Nateros, nuestro suelo fértil, nuestros viñedos, nuestras papas, nuestro paisaje, nuestra historia. Y no podíamos quedarnos callados.

Salimos del pueblo en una marea de vecinos, agricultores, estudiantes y familias, todos con una sola voz: defender nuestro territorio. Llevábamos pancartas, cantábamos y gritábamos, no contra la electricidad, sino contra la forma en que se quería imponer el proyecto sin escuchar a quienes vivimos aquí.

Nuestro Alcalde, con una fuerza que nos contagió a todos, encabezó la marcha. No fue solo un líder político: fue un vecino más, un hombre que caminaba con nosotros por las calles empedradas, hablando con la gente, calmando temores y recordándonos que juntos éramos más fuertes que cualquier torre de alta tensión. Su palabra se convirtió en un escudo y en un faro: “No vamos a permitir que destruyan Los Nateros”, repetía una y otra vez, y nosotros sabíamos que lo decía en serio.

Al llegar al corazón de Los Nateros, miramos alrededor y vimos los surcos de la tierra, los cultivos de generaciones, el verde intenso de los bancales… y sentimos que estábamos defendiendo mucho más que un terreno; estábamos protegiendo nuestra memoria, nuestra identidad y nuestro futuro. Fue allí, en ese espacio abierto y fértil, donde nos dimos cuenta de que esta lucha nos unía como pueblo.

Durante horas permanecimos allí, con el sol cayendo detrás de las medianías, mientras los medios locales registraban nuestra protesta. No se trataba de enfrentarnos a ENDESA como empresa, sino de exigir respeto, de reclamar transparencia y de demostrar que La Matanza de Acentejo no permitirá que decisiones importantes se tomen sin escucharnos.

Aquel día nos enseñó la fuerza de la comunidad. El liderazgo de nuestro Alcalde no se midió solo en palabras, sino en hechos: coordinó la movilización, dialogó con autoridades insulares y sostuvo nuestra voz ante cualquier presión externa. Gracias a esa unidad y determinación, conseguimos que el proyecto quedara al menos suspendido temporalmente, y nos dio esperanza de que nuestra lucha podía ser escuchada.

Hoy, cuando caminamos por Los Nateros, sentimos orgullo. No solo por la tierra que cuidamos, sino por la lección que nos dio la acción colectiva: que un pueblo unido, con un liderazgo cercano y comprometido, puede levantar su voz frente a cualquier gigante.

Porque Los Nateros no es solo tierra; es nuestra vida, nuestra memoria y nuestra responsabilidad. Y mientras estemos aquí, seguiremos protegiéndolo, juntos, como un solo corazón que late por La Matanza de Acentejo.

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